FEMINISMO DE CLASE O QUE
Se hace necesario echar una mirada atrás en la historia de las huelgas generales de nuestro país. La del 14 de diciembre de 1988 es, sin duda, digna de recordar. La señal inequívoca de su éxito fue el cierre de la emisión de RTVE. El país quedó prácticamente parado al completo, con transportes que no prestaban servicios mínimos, obligando a los esquiroles a quedarse en casa ante la imposibilidad de poder utilizar cualquier medio de transporte público, y el silencio mediático animó al resto de trabajadores a sumarse a la huelga.
La única lucha perdida es la que no se libra
La huelga es la herramienta de lucha de la clase trabajadora, que se utiliza como medida de fuerza para ganar derechos frente a los beneficios de la patronal y con el objetivo de ganar. Parar la producción, y por tanto, la generación de riqueza, es el medio más potente e inmediato en manos de la clase trabajadora organizada para avanzar en su emancipación como clase. Por ello, la huelga de 1988 se puede tomar como modelo de triunfo y fuerza frente a la patronal.
Desde que se empezó a fraguar la “huelga de mujeres”, ya había indicios de que esta lucha no venía desde la base social, sino dirigida desde arriba. La “delegación española” de la convocatoria de la International Women`s Strike, -mujeres americanas anti-Trump, muchas de ellas pertenecientes a organizaciones financiadas por el magnate George Soros y vinculadas a la candidatura de Killary Clinton-, se encargó de realizar su réplica en España. No está nada claro cómo surgió esta “delegación”. El oscurantismo y la opacidad se ponen de relieve en el único medio por el que se han dado a conocer, un blog que no respalda ni personas ni organizaciones de referencia, que no tiene una línea política clara y únicamente permite conocer cómo se organizaron en múltiples comisiones territoriales y sectoriales. La aparición de este supuesto movimiento feminista de carácter internacional tiene mucho de 15M y poco de mujeres trabajadoras organizadas para hacer frente a las desigualdades propias de su clase y su sexo.
De la organización de mujeres en España, se conocen algunas portavoces, como Ruth Caravantes, de Feminismos Sol, Marisa Sotelo de la Fundación Mujeres, Justa Montero de Podemos, con largo recorrido en el movimiento feminista y Yayo Herrero, actualmente directora de la fundación FUHEM y miembro de Ecologistas en Acción. Estas portavoces han tenido altavoz en determinados medios de comunicación, alguno de ellos con especial interés, como el eldiario.es, periódico vinculado al magnate George Soros a través de su subdirector como miembro de la Open Society Foundation.
Tanto las portavoces del autoproclamado “movimiento feminista” español, como las académicas referentes del movimiento feminista norteamericano, hacen un llamamiento al paro de mujeres a nivel mundial, destacando las diversidades que existen en el género femenino (LGTB, de raza, nacionalidad, urbanas, rurales…), pero pasando de puntillas sobre la diferencia de clase. La convocatoria de la huelga apelaba a todas las mujeres, sin reparar en las condiciones materiales que nos diferencian y que a su vez son condicionantes para que se agudicen o no las otras desigualdades. No es lo mismo que haga huelga Ana Rosa Quintana que las criadas de su casa, las peluqueras o maquilladoras de su programa. Las condiciones materiales de una y otras son totalmente opuestas. Mientras la primera celebra que la desigualdad de género desparece respecto a los hombres de su clase, en las otras esta desigualdad se agudiza por el hecho de ser trabajadoras.
Las portavoces hacen asimismo hincapié en el trabajo de cuidados, como foco principal del trabajo reproductivo, explicado con medias verdades y generando con ello confusión. El concepto de reproducción hace referencia a tres aspectos: la reproducción biológica, la reproducción de la fuerza de trabajo y la reproducción social. Lo que ellas llaman trabajo de cuidados forma parte de la reproducción de la fuerza de trabajo al tener por objeto cuidar de aquellas personas que no pueden reproducirse por sí mismas, como niños -futuros trabajadores-, discapacitados -algunos de ellos son trabajadores- y ancianos dependientes -antiguos trabajadores-. La reproducción de la vida de un trabajador no requiere siempre cuidar de los demás. No todos los trabajadores tienen personas dependientes a su cargo, pero del trabajo reproductivo no se libra ningún trabajador/a. El “autocuidado” y el mantenimiento de la propia vida es la esencia de la reproducción que las feministas burguesas obvian, para reducirlo solo al cuidado de los demás.
Son las mujeres quienes tradicionalmente han realizado y siguen realizando de forma mayoritaria el trabajo reproductivo, en base a la organización social que divide sexualmente el trabajo, organización que llamamos patriarcado y que ha pervivido a todos los modelos productivos basados en la explotación, porque divide a los explotados en géneros. Divide y vencerás.
Confundir patriarcado con capitalismo y la concepción del trabajo reproductivo como instrumento de dominio y sometimiento de los hombres sobre las mujeres, tiene la clara intención por un lado de enfrentar los trabajadores por género y no por clase, y por otro desviar las luchas de las trabajadoras al lugar donde interesa a las que hegemonizan el discurso feminista, que curiosamente es el mismo lugar que interesa a los financiadores de las organizaciones en las que en algún momento han trabajado o colaborado. Un lugar controlado por el sistema, que no suponga ningún peligro para la ganancia del capital y, sobre todo, en este caso, neutralizar una lucha histórica de la clase trabajadora. El 8 de marzo dejó hace tiempo de ser el Día de la Mujer Trabajadora para convertirse en el Día Internacional de la Mujer. Con la institucionalización de un día en el que se conmemoran conquistas en derechos para la mujer trabajadora, irrumpen las explotadoras apropiándose de esas conquistas para instrumentalizarlas dentro de su clase, dejando a las mujeres trabajadoras en lugar secundario y marginal.
Las mujeres convocantes de la pasada huelga del 8 de Marzo, cuyas máximas aspiraciones parecen ser las de ocupar puestos de dirección en los consejos de administración y las instituciones –o al menos así lo difundieron los medios de comunicación y las pseudo-intelectuales que entrevistaron- hacen una valoración de la fracasada huelga como triunfo de su “visiblización”. Sin duda, fue la huelga más televisiva que hemos conocido. No obstante, este seguimiento por parte de los medios del capital debería hacernos reflexionar sobre las consecuencias que la política del feminismo hegemónico, de clara tendencia liberal y burguesa, puede tener sobre las mujeres de clase trabajadora, la mayoría de nosotras.
1ª. Con la manipulación y tergiversación de la jornada de lucha del 8 de marzo por parte de las mujeres de la clase dominante, se corre el peligro de que se convierta en el día en el que las explotadoras consiguieron romper su propio techo de cristal y simbolice la conquista de la igualdad de género con los hombres de su clase ¿Hemos de celebrar que la explotación de hombres y mujeres sea también tarea de mujeres?
Ya contamos con referentes de cooptación de otras luchas, como la LGTB. Todos los años, la última semana de junio se celebra que los hombres y mujeres LGTB de la clase dominante han conseguido la igualdad dentro de su clase. Y nada mejor para celebrarlo que mercantilizar tal día y convertirlo en una especie de Sociedad Anónima. El World Pride es la multinacional que tiene a su disposición ciudades enteras como Madrid, donde las performances llenan las calles más céntricas, reduciendo a espectáculo circense lo que fue en su momento una celebración de origen obrero. Es cuestión de tiempo que tengamos un World Pride feminista todos los 8 de marzo.
2ª. El especial énfasis que las intelectuales del feminismo hegemónico a nivel internacional, ponen en “valorizar” el trabajo que reproduce la fuerza de trabajo mediante una especie de remuneración, que no salario al no ser trabajo productivo, viene desde atrás. Tithi Bahattacharya y otras activistas convocantes del International Women’s Strike del año pasado y vinculadas a la candidatura de Killary Clinton, apelan a referentes intelectuales que fueron activistas en los años setenta y actualmente son convocantes de la huelga mundial de mujeres como el caso de Selma James, fundadora de la Campaña Internacional de Salario por Trabajo Doméstico.
Lo más parecido a esta remuneración por trabajo reproductivo que se ha llegado a plantear en los parlamentos de la burguesía, es la renta básica, retribución que, más allá de las proclamas de sus promotores, acaba excluida en sus implementaciones prácticas del derecho al salario indirecto (servicios públicos) y al salario diferido (pensiones), quedando relegada la utilización de estos servicios al ámbito privado. La exclusión de los perceptores de una renta básica por trabajo reproductivo, mujeres por mayoría aplastante, de la red pública de servicios es un negocio redondo por partida doble.
El trasvase de una ingente población demandante al ámbito privado y la consiguiente reducción de los servicios públicos financiados desde los Presupuestos Generales del Estado, supondría que el aporte vía gasto de la clase explotadora para sufragar estos servicios quedaría reducida de tal manera, que sólo se prestaría a trabajadores productivos. Si además se le añade la tendencia general a la reducción del número de trabajadores por la robotización de los procesos de producción, los servicios públicos y las pensiones, pasarían de conquistas de la clase trabajadora a privilegio que únicamente podría disfrutar un grupo minoritario de trabajadores, la nueva aristocracia obrera creada por el capital.
Nuestra reivindicación, como clase trabajadora debería centrarse en que el trabajo de cuidados se realice desde el sector público. El cuidado de niños, discapacitados y ancianos dependientes quedaría plenamente garantizado si se construyese una amplia red de guarderías, centros de atención especial y residencias públicas de titularidad y gestión pública. De esta manera, aquellas mujeres que dedican su vida al cuidado de los demás, tendrían la oportunidad de poder incorporarse al mercado de trabajo, asegurándose así tanto el salario indirecto (servicios públicos) como el diferido (pensiones).
La beneficencia que gestionan ONG’S y Cáritas supone la exclusión social y la marginalidad para cualquier sector de la clase trabajadora, por ello, luchar contra la caridad y los negocios montados entorno a ella supone luchar contra la pobreza endémica que interesa a la clase dominante mantener como elemento segregador de la clase trabajadora. Luchar contra la pobreza -en su mayoría mujeres- no debe ser sólo el objetivo de lucha del feminismo de clase, debe ser el objetivo de la clase trabajadora en general.
La visión con perspectiva histórica de la lucha de clases pone de relieve que presuntos triunfalismos en las peleas por la igualdad dentro del capitalismo no son más que un espejismo para la clase trabajadora. Advirtamos que nos están siendo robadas nuestras armas de rebelión y resistencia, como es la huelga, por parte de sectores de la clase dominante que quieren conseguir la igualdad entre los sexos dentro de su clase y, de paso, dejar a la trabajadora en la cuneta. Ya lo dijo uno de ellos, Warren Buffett: “Es la lucha de clases, señores, y la estamos ganando”.
Dentro del sistema capitalista siempre es necesaria la unidad de la clase trabajadora – mujeres y hombres de todas nacionalidades- para poder conquistar derechos y mejoras salariales que permitan tener una vida más digna, pero ahora más que nunca se hace necesaria esta unión. Todos y todas, unidos por la desigualdad de clase, que agudiza las de género, raza o condición sexual, necesitamos hacer frente a esta nueva modalidad en la ofensiva de la clase dominante, que instrumentaliza nuestros movimientos históricos –el obrero y el feminista- y sus herramientas de lucha, para reconducirlas hacia sus objetivos, desvirtuarlas y dejarlas inservibles para la clase trabajadora.
El feminismo de clase trabajadora, que puso la semilla del 8 de Marzo, es el verdadero objetivo del ataque de que estamos siendo testigos en los últimos tiempos. Juntas y juntos debemos pararlo porque en ello nos va un futuro con más esclavitud de la que hoy padecemos, o con más fuerza para acabar con la explotación.
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