«Felipe es igual que Juan Carlos, defiende los privilegios del mismo grupo»

Hablamos con Rebeca Quintáns, periodista y autora de Juan Carlos I: la biografía sin silencios (2016). «Con Felipe es como si todo volviera a empezar. La monarquía es un sistema que no puede funcionar mejor, está ahí para proteger una estructura de poder». 

 

Rebeca Quintáns. /Juan Torvo.

LUZES-PÚBLICO | ERIK DOBAÑO

Rebeca Quintáns (Arzúa, 1964) es una filóloga que se doctoró en periodismo en Madrid con una tesis sobre el discurso de Juan Carlos I que dio pie a una investigación sobre la monarquía española bajo el mecenazgo de Pepe Rei, otro periodista gallego que desarrolló su carrera profesional fuera del país, a través de la editorial Ardi Beltza. Fruto de aquella investigación apareció en el año 2000 Un Rey golpe a golpe. Tres lustros después, la autora, que nunca abandonó el interés por la casa real española, actualizó aquel volumen con la publicación en Akal de Juan Carlos I: la biografía sin silencios (2016). A finales del año pasado estuvo en A Coruña, invitada por la Comisión para la Recuperación de la Memoria Histórica, para una de las escasas presentaciones de esta obra, escondida al gran público por un sistema mediático que sirve a los mismos amos que el monarca y su familia.

El libro es casi una enciclopedia del personaje. Rebeca Quintáns detalla los años de formación del futuro monarca una vez que la Ley de Sucesión establece, en 1947 (apenas once años después de la instauración de la República), la continuidad del régimen una vez muerto Franco a través de la monarquía. Cómo la educación de Juan Carlos estuvo en manos de los militares y del OPUS, y fuera de España de las casas reales «ambulantes» europeas. La autora recorre toda la biografía de Juan Carlos, que en 1965 juró los Principios del Movimiento y se convirtió en una pieza más de la Operación Lolita que desde Washington esbozaba la política de la futura monarquía. Quintáns cuenta punto por punto cómo se construyó el Rey, quién fue parte de su equipo (Fernando Morán, uno de los Solana, Javier) cómo fueron apareciendo los futuros fontaneros (Manglano, Armada), cómo el búnker trabajó para condicionar Lolita y para «vestir el franquismo con un nuevo traje», «no reformar las leyes, sino su interpretación» (Torcuato).

«La institución monárquica fue y es una herramienta clave del mismo poder político-económico franquista», escribe Quintáns en una afirmación que condensa el papel de los Borbones desde la victoria franquista hasta hoy en la historia del Estado español.

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¿Por qué sostienes que la monarquía es clave en la estructura del Estado español?

Por lo visto las monarquías están ahí, que no gobiernan ni tienen un peso político específico, pero eso no es cierto. Tienen una función muy clara. Y hablo de las monarquías modernas europeas, porque si miramos otras, pues ya son directamente medievales. La función de estas monarquías europeas es ser la cúspide de una pirámide de poder en sociedades en las que manda una oligarquía económica, una casta. El poder simbólico de la monarquía contribuye a sostener esa pirámide. Su rol es dar apoyo a esa estructura de poder, que no es la que vende la televisión: con elecciones, representantes y esas cosas… en realidad el Rey rompe con la separación de poderes en la que teóricamente se basa la democracia española. El Rey es como aquellas muñecas de papel a las que les cambiabas el vestido: ahora lo tienes con uniforme militar, como jefe de los ejércitos; ahora con la toga de los magistrados, como máxima autoridad de la Justicia; ahora con el traje de empresario, yendo con los empresarios a hacer negocios al extranjero… Está en la cúspide de todos los poderes y, también, en la del poder político. Lo vimos ahora, el Rey es quien inaugura cada nueva legislatura, quien recibe los líderes políticos, quien acepta al candidato.

Rebeca Quintáns. /Juan Torvo.

¿Quién forma parte de esa pirámide de poder?

Esa estructura de poder que corona el Rey está formada por unos cientos de familias en el Estado español que fueron las que animaron a la guerra en los años treinta y a que la guerra se desarrollase como se desarrolló, matando rojos a patadas. Algunas ya estaban ahí antes de Franco y otras se enriquecieron y se hicieron poderosas durante el franquismo. La nómina de esa élite se puede tirar de los listados de la aristocracia o de los equipos directivos y de los accionistas de las empresas del Ibex-35. Ahora hay un cambio generacional y los que tuvieron el poder en la etapa de Juan Carlos están pasando el poder a sus hijos. Yo sostengo que la monarquía está ahí para proteger los privilegios de este grupo social.

Fue Franco quien puso al Rey. Yo pienso que al Rey lo pusieron los mismos que pusieron a Franco, por decirlo así. Desde el día que Alfonso XIII marchó, comenzaron a organizarse para restaurar la monarquía. Gente muy poderosa. Familias. El golpe de estado del 36 estaba pensado para restaurar la monarquía. Franco decidió otra cosa y las élites lo apoyaron, entre otras cosas porque el franquismo fue un gran negocio en el que se forjaron grandes fortunas y se reforzaron las viejas actualizándose en nuevas actividades económicas. Disfrutaron de todo el apoyo del régimen, que les dio monopolios, mano de obra esclava, terrenos y propiedades incautadas… Pero tarde fueron planificando lo que vendría después de Franco.

Recientemente, en 2014, sustituyeron a Juan Carlos por Felipe. ¿La abdicación se veía venir?

Desde años atrás yo ya tenía la impresión de que había una campaña muy fuerte contra Juan Carlos: el elefante, Corinna… Normalmente esas cosas no aparecían en la prensa. Pero eso salió por alguna razón. Tenía que haber alguien muy poderoso que iba contra Juan Carlos, porque si no esas cosas nunca se habrían publicado. Y quien estaba permitiendo que eso saliera era gente poderosa, de dentro de la casa real. Digamos que fue una especie de golpe de palacio en el que, fundamentalmente, estuvieron implicados la reina Sofía y el príncipe Felipe. Empujaron y metieron presión para que Juan Carlos abdicara en el hijo.

¿Hubo personal que ayudó a Sofía y Felipe?

El jefe de seguridad de Sofía se convirtió en jefe de seguridad de Zarzuela ya con Felipe. Había dos bandos, claro… Piense que Corinnas hubo muchas, pero ninguno de esos asuntos había aparecido antes en la prensa. Están en mis libros, sí; pero no en las portadas de los grandes medios. El propio caso de Botsuana, el del elefante… Años atrás había pasado aquello del oso que habían emborrachado en Rumanía para que Juan Carlos cobrara la pieza, y se supo solo por la prensa de aquel país, no por la española.

¿Empezó en 2012, por qué?

Las élites financieras apoyaron el traspaso de poder porque también en las élites se estaba produciendo el cambio generacional. En aquel momento tenía lugar una crisis en la casa real, el hijo quería suceder al padre. Las élites apoyaron a Felipe porque Felipe era el futuro, y les convenía apoyarlo porque les conviene la continuidad de la monarquía. Había mucha gente en el ajo. Por ejemplo, Borja Prado, el hijo de Manuel Prado; pero también Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba… Y, en este contexto, hablando de Rubalcaba, que no funcionaba como líder del PSOE, el recambio de Rubalcaba se convirtió en un problema más. Igual mucha gente ya no se acuerda, pero en aquellos días se decía que el candidato Pedro Sánchez era una propuesta de Zarzuela.

¿Pedro Sánchez?

La candidata del aparato era Susana Díaz. Pero Zarzuela propone a Pedro Sánchez. Y debieron pensar que les valía porque no sería más que un relieve circunstancial.

¿Por qué se fijan en él?

Hay cosas sobre Pedro Sánchez que no se conocen o no salieron. Puede ser coincidencia que estudiara en el mismo instituto que Letizia. Un instituto público, el Ramiro de Maetzu, en el que coincide lo mejor de lo mejor. Después, pasó por una universidad privada ultra católica, el Real Centro Universitario Escorial-María Cristina. Este es un centro caro y cuando menos curioso, en el que se puede obtener por ejemplo el Título Superior en Ilusionismo… Pues allí Sánchez estudió derecho al mismo tempo que su madre, una sindicalista de toda la vida y que debió sacar el título ya casi en la jubilación. De ahí, pasó directamente a la política. A mí lo que me llegó es que Pedro Sánchez fue propuesto por Zarzuela para dirigir el PSOE dado el momento conflictivo que iba a vivir la monarquía y porque precisaban alguien de mucha confianza. Hasta ahí llegué, pero es un asunto que vale la pena seguir.

Estamos en los años posteriores al 15M, en los años en que aparece Podemos.

Sí, fueron dos procesos en paralelo. El 2014 es el año de las europeas en las que aparece Podemos y, en junio, se produce la abdicación. Pero no creo que tuvieran miedo a Podemos. Lo que podía ser un peligro era el movimiento social a partir del 15 M, digamos, los votantes de Podemos… Las asambleas del 15M, y eso lo vio todo el mundo, estaban llenas de banderas republicanas. Y recuerde que Podemos empezó diciendo que ni derechas ni izquierdas, que nada de política, que hablar de monarquía o república era hablar de política. No les interesaba. Hace veinte y pico años, las manifestaciones republicanas eran cuatro viejos y muy poca gente. Eso fue creciendo. Ahora están llenas de chicos, y la izquierda en Madrid milita toda en el republicanismo. Podemos no estuvo en las manifestaciones el día de la abdicación. Pablo Iglesias estaba en Bruselas y no regresó ese día. Lo único que hizo fue pedirle muy educadamente al PSOE que no firmara la ley de inmunidad para Juan Carlos y para Felipe.

¿Que pasó con aquel movimiento antimonárquico y también contrario a la representación institucional que fue el 15M hasta Rodea el Congreso?

Lo que pasó fue Podemos. Comió todo… Pasó en Madrid y en todo el Estado. Ahora vemos la línea que están llevando. Pero, cuando menos en Madrid, si Podemos no convoca, no va nadie a las movilizaciones. Fueron capaces de controlar todo eso. Y en la cuestión del apoyo a Catalunya eso se nota mucho, se nota que Podemos no está.

¿Cómo ve la respuesta política del Estado español a la rebelión catalana, y cuál es el papel del Rey?

Pienso que la estrategia política es aguantar y no negociar. El que resiste, gana. El Estado tiene la fuerza. Respeto el discurso de Felipe el 3 de octubre, creo que fue una iniciativa propia de él mismo. Y, si tenemos en cuenta cuál es su ideología, el discurso fue incluso un poco blando. Felipe es muy de derechas y muy católico. La madre es ultra católica y esa fue su educación. Me parece que fue un discurso que meditó mucho y que suavizó.

¿Qué efecto buscaba?

Él tendrá sus asesores, claro. Alguien le debió decir que la derecha esperaba una respuesta por parte del Rey. Y alguien le debió decir que podía ganar puntos. Y los ganó. Mire, la monarquía no la defiende nadie… ni casi desde la derecha, porque políticamente es indefendible. Felipe consiguió que la derecha radical, los falangistas, los de Vox, que siempre fueron antimonárquicos y anti-Borbones, estén con él. Felipe hizo el discurso del 3O para ganar puntos, está procurando aliados porque no tenía ninguno. Abascal, siempre que dice eso de «quieren acabar con España», añade lo de «quieren derrocar el Rey».

A día de hoy, ¿alguien quiere derrocar a Felipe?

A nivel estatal, Izquierda Unida lleva en el programa eso de la república, pero a decir verdad no lo pelean. Podemos ni lo tiene. No entiendo que desde la izquierda se haga «crítica constructiva» del discurso del Rey o del papel de la monarquía. El Rey no va a llamar al diálogo en la cuestión catalana. Lo normal es que Felipe haga su trabajo, que se meta en política y que lo haga en contra del pueblo, porque no es él, es el sistema monárquico, que está para eso. ¿Un rey progresista? Pues aquel que abdique… pero no para pasarle la corona a su hijo.

¿Se comparó ese discurso de Felipe del 3 de octubre con aquel de Juan Carlos la noche del 23F de 1981?

Aquel de Juan Carlos, con el uniforme, fue un paripé. El golpe de estado del 23F estuvo organizado por el CESID [hoy, CNI] y por el Rey. Aquel discurso no salvó ninguna democracia de nada… pero quedó esa posverdad, como se dice ahora. Lo de Felipe no fue un paripé ni respondía a una crisis de Estado como la de 1981. Lo que había era una movilización muy importante en Catalunya, mucha violencia policial y una situación política delicada. Pero eso no fue un montaje. Y Felipe no iba a desmontar nada para quedar bien. Pienso que él y sus asesores vieron la oportunidad de ganar puntos.

En el libro cuentas que aquel golpe del 81 se paró porque fuera del Estado español resultó grotesco ver a un guardia civil a tiros con el techo del Congreso. ¿Dijeron «hay que parar eso»?

Quien destrozó el plan del golpe fue Tejero. Pero es que a Tejero no le habían dicho toda la verdad. España es un país de las chapuzas y aquello, organizado por Cortina [José Luis Cortina, comandante del CESID], que no era ningún genio, tenía que salir mal. Lo que no quita para reconocer que después recondujeron la cosa muy bien. En realidad, lo único que no se puso sobre el escenario fue el gobierno de salvación nacional. La posverdad que quedó en la memoria colectiva fue aquella mentira repetida una y mil veces de que Juan Carlos salvó la democracia española. Pero es una posverdad que se actualiza, como si fuesen refinando el relato. Por ejemplo, Javier Cercas. Cercas forma parte de otra generación de propagandistas distinta a los de los ochenta y noventa. Mi favorito entre estos nuevos es Javier Ayuso, que era el director de comunicación de la Casa Real en la época de lo de Corinna, Botsuana y la abdicación, contratado precisamente para gestionar aquel momento de crisis, y que después pasó a El País. ¿Cómo trabaja esta gente? Pues, hay una verdad que no puede salir, pero que va a salir porque hay periodistas preguntando… pero como estos periodistas son de los buenos, consultan con Zarzuela; entonces Zarzuela desmiente la historia y a continuación habla con otros periodistas para ofrecerles una versión manipulada de la misma historia y que se publicará antes que cualquier otra.

¿Por qué en el año 2000 publicó bajo seudónimo la primera versión de este libro?

El seudónimo no protegía mucho porque si alguien quería saber quién era la autora, lo tenía muy fácil. Pero sí que me protegió digamos en un espacio más próximo. Yo trabajaba como periodista freelance en Madrid, y cualquiera de los redactores jefes de los medios que en aquella época me compraban los reportajes habrían dejado de hacerlo. Esa fue la razón principal. Lo más difícil no fue eso, fue encontrar una editorial. Se atrevió Pepe Rei. Y tengo que decir que no nos habría importado recibir una querella contra el libro y darle publicidad en el juicio. Podíamos demostrar todas las afirmaciones que se hacían. No se atrevieron a ir contra el libro. Pero el juez Garzón cerró la editorial y metió al editor en prisión. Lo liberó después de meses sin llegar a formular ninguna acusación formal… Aquel libro está hoy fuera de catálogo, pero está en este otro, es la mitad de él, porque después continúa hasta el final del reinado. ¿Tan delicado es el material del libro para la institución? La verdad es que toda la información está ahí. Casi todo es público, desparramado por ahí y por allí. Gran parte de mi trabajo consistió en una labor de documentación. Por supuesto, también hice muchas entrevistas y me contaron algunas cosas que no se habían publicado antes, pero más que nada las entrevistas sirvieron para confirmar informaciones. Lo difícil, insisto, es publicar. Pepe Rei se atrevió. Ahora, Akal… aunque pienso que no se le hizo mucha publicidad al libro.

¿Para qué cree que sirvió este libro?

Pienso que conseguimos acabar con la buena imagen pública de Juan Carlos, ese rey campechano salvador de la democracia… Evidentemente, era mentira. Este libro es una contribución a eso. Pero parece que no aprendimos nada. Con Felipe es como si todo volviera a empezar. ¿Volvemos a estar tontos? ¿Es un rey diferente? No lo es. La monarquía es un sistema que no puede funcionar mejor, está ahí para proteger una estructura de poder. En el caso de la monarquía española no olvidemos que además cuenta con una impunidad legal que es absolutamente escandalosa. Pero… cambian Juan Carlos por Felipe y pensamos «bueno, a ver este, que parece más majo, más preparado». Me siento muy frustrada. Cuando tenemos a todas convencidas de que Juan Carlos no era lo que parecía, ¡tenemos que volver a empezar otra vez con Felipe! Felipe es igual que Juan Carlos, defiende los privilegios del mismo grupo económico: los grandes señores del Íbex-35.

¿Parece que Felipe comete errores mucho más deprisa que el padre?

Parece que sí. Está comenzando y ya tiene tres amigos imputados, o como se dice ahora, investigados en asuntos de corrupción. Sigo revisando todo lo que se publica. El relato oficial dice: eran muy amigos en la infancia, pero hoy están distanciados, el Rey en eso es muy serio, también separó a la hermana… De nuevo, todo un paripé. Lees eso en un libro y descubres que en la página de agradecimientos se cita a Ayuso. Respecto de Javier Cercas, del que hablábamos antes, su versión se basa en asumir la parte de la verdad que no se puede negar y con ese material construir un relato en el que salga bien parado. Anatomía de un instante es un relato novelesco en la que toda la culpa recae en un agente del CESID y Juan Carlos fue engañado. Algo parecido hace en sus libros Pilar Urbano, que también se toma sus licencias novelescas y da una de cal y otra de arena. Es la misma escuela, digamos así, de Ayuso. Admito la verdad hasta este punto y hago un nuevo relato.

Volviendo a las élites, ¿qué pasó con la familia Franco que parece que no consiguió acceder a esa élite?

Están aparte, sí. En la transición hubo que lavar la cara del nuevo régimen. Quedaron fuera. Pero se les garantizó que conservarían todo. Hay que entender que la amnistía fue para los franquistas. Eso es fácil de ver hoy. Mucha gente y muchos partidos que estaban ilegalizados, lo siguieron estando después. En cuanto a los Franco, hasta lo de ahora mantuvieron su fortuna intacta. Ese fue el acuerdo con ellos. Ahora quitan los restos de Franco del Valle de los Caídos, pero siguen sin exigir responsabilidades por el franquismo… Veremos en que acaba lo de Meirás, igual acaban cobrando.

Juan Carlos I: la biografía sin silencios es más que un registro sobre las prácticas de corrupción inherentes a una institución como la monarquía, que contamina cualquier construcción democrática. La obra deja abiertas muchas cuestiones sobre los derechos y libertades que sostienen ese edificio. ¿Se puede transformar una dictadura en una democracia sin depurar a fondo las viejas instituciones? ¿Cómo y a favor de qué se construyeron esos relatos míticos de la transición? ¿Cuál es el papel del periodismo y de los medios de comunicación en este proceso, fueron acaso «el nuevo traje del franquismo», que decía Torcuato?

Usted ya no vive del periodismo, ahora es maestra en un instituto en Madrid. ¿Qué fue de aquel periodismo que aún se atrevía a cuestionar ciertas mentiras establecidas como verdades?

En los años noventa aun había hendiduras en el sistema de medios, lugares desde los que podías hacer esas cosas que se venían permitiendo desde la transición. Había aquel espacio para el atrevimiento periodístico que no volvió a existir después de esos años. Ya no digo libertad de expresión, digo atrevimiento… porque después secuestraban la publicación de revistas o perseguían periodistas. Existían Cambio 16Interviú… porque además ese periodismo vendía. Creo que sigue vendiendo, pero es que hoy ni para ganar dinero nos dejarían hacer ese periodismo. Yo empecé publicando en Interviú y allí había una escuela de reporteros de investigación valientes y muy formados. Y pagaba bien. Eso fue yendo a menos, y hoy no queda nada. Quedan periódicos progres para nada tan atrevidos como aquellos medios de la transición. En los noventa podías hacer cosas, trabajar como freelance y vivir. Hoy eso es imposible. Los periódicos ya no son rentables, no son atrevidos ni pagan. Acaba siendo todo periodismo voluntarista de opinión, opinión, opinión… para hacer reportajes de investigación hay que tener tiempo y recursos. Hay que moverse, las fuentes no te vienen a la redacción, hay que pasar semanas detrás y tomar vinos o cafés. Y pasar horas, viajar. Llenar los pies de lama, como decían de aquella.

Este artículo se publicó originalmente en gallego en la revista Luzes. Ahora Público lo reproduce como parte de un acuerdo de colaboración con la revista. Aquí puedes encontrar más artículos de Luzes en Público.

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