JOSÉ ESTRADA CRUZ. Ni CCOO ni UGT defienden las pensiones públicas porque están implicados en el negocio de las privadas

Un 1º de Mayo donde “sólo hubo manifestaciones de CCOO y UGT”. Para los medios burgueses, las demás manifestaciones, sobre todo las anticapitalistas, no existieron, o se las muestra y sitúa en las de estos dos sindicatos; incluidas las mareas de pensionistas y las feministas. Pensionistas y feministas a los que les salen sarpullidos cuando los ven aparecer con sus estandartes.

No sólo no es cierto que ambos sindicatos defiendan el sistema público de pensiones, sino que, por el contrario, lo que están haciendo es obstaculizar las importantes luchas, transversales, organizadas por jubiladxs honestxs y consecuentes.

Estos sindicatos, apéndices del Estado, solo cuando han visto que las movilizaciones de los pensionistas iban en aumento, han aparecido con propuestas insignificantes y para estorbar nuevamente con su Pacto de Toledo. Su finalidad es no quedarse marginados y seguir camuflando su culpabilidad en el historial reciente (de 1978 a nuestros días). Un recorrido en el que a lxs trabajadorxs se les han empujado al siglo XIX.

Así, conscientes y seguros de que tendrán todo el apoyo y cobertura de los medios propagandísticos gubernamentales y empresariales cubriendo sus manipulaciones y falsedades, irrumpen sin vergüenza alguna en la calle a estorbar, a enmarañar la realidad, a engañar a los pensionistas y al pueblo trabajador en general.

En estas últimas manifestaciones convocadas el día 16 de este pasado mes de abril, CCOO y UGT aparecieron de nuevo haciendo eso que se les da tan bien hacer: cuando supieron que las mareas de Pensionistas y coordinadora estatal convocarían, o ya habían convocado, para ese día 16 de abril, ellos van y convocan el sábado 14 y domingo 15, sabiendo que, los mass media burgueses les proporcionarían toda la cobertura propagandista, al tiempo que iban a silenciar la convocatoria de los pensionistas del día 16. No podía ser de otro modo: eso fue lo que sucedió.

Aquellos activistas de más edad que estuvimos militando en el PSUC-PCE y en CCOO hemos visto y sufrido las derivas de estas históricas y prestigiadas organizaciones, que se fueron degenerando por culpa de sus principales dirigentes a base de tergiversar la realidad y la dialéctica marxista, escondiendo con ello su cobardía y su acomodación en los regazos del enemigo fraguando bochornosas colaboraciones.

Esta es la base fundamental (tanto en el Estado español como en otros países principales de Europa) que explica la derrota de la clase obrera y de los pueblos, así como el éxito y poder conseguido por el capitalismo.

En el Estado español, las actuaciones traidoras de CCOO y UGT, apoyadas por sus correas de transmisión política, han sido gravísimas pues han dejado a la clase obrera más dividida, más desinformada y más desorganizada. Ha sido acoquinada en un linchamiento brutal. Lo peor es que las expectativas van a ir en la misma dinámica, ya que quienes dirigen en las mismas organizaciones no se desviarán del guión que viene trazado porque los condicionantes adquiridos hipotecan su existencia siendo maniatados de por vida. Más cuando estos, que hoy se encuentran al frente de CCOO y UGT, han perdido cualquier rastro de contenidos ideológicos de clase (sobre todo porque cuando llegaron hacía tiempo que habían desaparecido). La traición sigue ahí (aunque solapada) con el potentísimo soporte mediático que se encarga de protegerles mediante la manipulación informativa, para que miles de afiliados sigan ahí alienados, sin capacidad para desengancharse.

Sin embargo el sindicalismo se podía haber efectuado correctamente y haber evitado la debacle en la que nos encontramos. Pero para ello, los que entonces se encontraban al frente de las organizaciones comunistas referidas y del Sindicato de CCOO (que venían a ser los mismos) deberían haberse comportado como verdaderos comunistas, como verdaderos revolucionarios. Y eso suponía continuar luchando en un contexto de confrontación, frente al enemigo, exigiendo reivindicaciones y agudizando las contradicciones capitalistas. Requería marchar al frente de las luchas, convocar huelgas generales de verdad y estar dispuestos a ser los primeros en recibir “hostias” (o sea, a afrontar las criminales embestidas de las burguesías y de sus fascismos, a sufrir percances de sus fuerzas represivas, cárceles y lo que viniese).

Y es que la lucha de clases no es otra cosa que confrontación contra la explotación, contra el capitalismo y su transformación en socialismo. Lo otro, lo que se ha hecho y lo que se está haciendo, la colaboración con la gran burguesía, eso, ya estaban haciéndolo otras organizaciones hacía tiempo (el PSOE y su Sindicato la UGT).

Por eso ha sido tan grave la actuación de los referidos dirigentes obreros y “comunistas”, ya que, si en un momento dado no se creyeron capaces de correr el riesgo de confrontar con la clase antagónica, lo honesto habría sido hablar claro y traspasar los aparatos de dirección a quienes (sí) hubieran estado dispuestos a enfrentarse. De ese modo, los “miedosos”, libres de responsabilidad podrían echar a correr, con viento fresco, a ingresar en esas otras organizaciones colaboracionistas.

Soy consciente de que, desgraciadamente, las cosas no suelen funcionar de ese honesto y racional modo; sin embargo es muy necesario que esto lo expliquemos, hasta la saciedad, al pueblo y a los trabajadores. Pues como resultado de actitudes irresponsables y de espanto, individuos que están al frente de organizaciones que aparentan defender los intereses de la clase obrera, no solo no los defienden en consecuencia, sino que, estos, habiéndose vaciado en contenido y en actitud de clase, han abandonado hasta ese sindicalismo reformista que, al menos, defendía mejoras a favor de lxs trabajadorxs.

El panorama es tan desolador, de tal nivel de retrocesos, que sus protestas están a años luz de plantear, no ya mejoras; sino ni tan siquiera la recuperación de lo que ya se tenía, tanto en lo económico como en condiciones laborales. Por eso, nada desearíamos más, que hoy, CCOO y UGT albergaran, aunque sólo fueran posiciones reformistas de clase con aspiraciones a recuperar derechos laborales perdidos. Con eso sólo, habría un respiro de aire fresco entre lxs trabajadorxs. Sin embargo ni siquiera se podrán posicionar en tan poca cosa, pues para ello primero tendrían que ser capaces de reconocer graves “equivocaciones” y ser conscientes de que “la mano que hasta ahora les ha dado de comer”, dejaría de hacerlo y entre otras cosas, tendrían que estar dispuestos a desprenderse de las empresas de Fondos de Pensiones privadas, por las que vienen percibiendo pingües beneficios.

En cambio en vez de rectificar y tratar de actuar honestamente (al menos desde posiciones consecuentemente reformistas a favor de los trabajadores, teniendo en cuenta la ofensiva capitalista pretendiendo oprimir, dividir y explotar sin límites a las diversas capas trabajadoras y también a capas medias) lo que siguen haciendo es más de lo mismo: colaborar con los intereses capitalistas.

De modo que, lamentándolo mucho, así es; no hay esperanza de que rectifiquen. Los dirigentes corrompidos seguirán dirigiendo y corrompiéndose, y los sindicalistas intermedios continuaran acoplados al modus vivendi, aceptándolo todo sin cuestionar ni lo más mínimo.

Posiblemente, porque lo he hecho muchas veces, alguien puede pensar que para mí es un placer criticar al sindicalismo de CCOO y UGT. No es cierto. A estas alturas de mi activismo político, desearía no tener que hacerlo. Hace mucho que por el bien general de lxs trabajadorxs antepongo la unidad aunque no se coincida en altos porcentajes programáticos. Pero además porque no pocas de las personas (cuadros intermedios) que siguen en las referidas organizaciones, me merecen un respeto. Si insisto en la crítica es porque es cierta y, por tanto, necesaria. Plasmarla es una obligación.

La lucha de clases no es comodidad e ir haciendo sin ningún tipo de riesgo, sino todo lo contrario. Por tanto cabe implicarse consecuentemente ya que, además de la desastrosa situación laboral y económica en que se encuentran lxs trabajadorxs y capas populares, toda la humanidad y el planeta danzan en un escenario de extrema inseguridad.