Chalecos Amarillos. Por MAF

Chalecos Amarillos. Por MAF

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

He visto en estos días a personas que se dicen de izquierda, algunos de las cuáles se
autodefinen comunistas, condenar al movimiento de los Chalecos Amarillos porque
dicen que está infiltrado por el partido de Marine Le Pen, algunos incluso se atreven a
decir que está dirigido. La ignorancia siempre ha sido mala cosa.

Es madre de la estupidez, la falsedad y el comportamiento reaccionario; ese al que algunos dicen
combatir para acabar por caer en aquello que condenan.
Éste es un movimiento, como todo el que tiene débil organización, estructuras líquidas
y es politicamente diverso -con trabajadores y pequeños autónomos de izquierda, de
derecha y mediopensionista, que es lo que casi todo el mundo es en este mundo
ideológicamente tan confuso-, y con liderazgos muy débiles, cambiantes y, desde
luego, no unánimemente reconocido desde dentro.

De la miopía de la izquierda y buena parte de los izquierdistas y comunistas españoles
me sorprendo menos. Su discurso es más o menos éste: hay gente de Le Pen, le han
entregado la dirección del movimiento, lo que no se les ocurre a estas mentes
clarividentes es que si abandonas y rechazas a un movimiento que nace de una
demanda popular y hasta de clase, el vacío de influencia que tú dejas puede ser
rellenado parcialmente por otro. Es de primera cartilla de marxismo.

Éste es el tipo de gente que confunde sus posiciones partidarias con las de todo un
movimiento, lo que es propio de quienes imparten clases de su ignorancia y no
participan de los movimientos populares porque recelan de ellos y temen el rechazo de
los mismos, en lugar de ganarse su respeto por sus posicionesy su compromiso.

Que haya quien se atreva a decir que los chalecos amarillos se oponen a las ecotasas y
a los impuestos para sostener el Estado del Bienestar, cuando los impuestos indirectos
(iva, impuestos sobre los combustibles,…) históricamente han sido una medida
reaccionaria y desigualitaria, y han sido precisamente los gobiernos franceses de la
crisis los que han ido desmontándolo, es muestra de una profunda estupidez y de un
revolucionarismo tan de cortos vuelos que aquí lo podrían comprar el PP o Ciudadanos
y que en Francia lo aplaudiría rabiosamente Macron.

Precisamente el mismo Macron que eliminó el impuesto a las grandes fortunas, que ahora planea bajar los impuestos a las grandes empresas y que él mismo afirma con orgullo que es el presidente de los
ricos ¿Hay mayor afrenta a la clase trabajadora que alguien que hace esto trate de
arruinarles mediante ecotasas y subidas brutales de los carburantes? Me temo que
alguno de esos giliprogres si se declara el estado de emergencia en Francia y comienza
una represión mucho más brutal que la que hemos visto estos días, acabará
aplaudiéndola.

Al fin y al cabo, algunos de ellos condenan la violencia ejercida por una
parte de los manifestantes, como si los grandes cambios sociales se hicieran con
batucadas, ponerse una nariz de payaso y hacer sentadas en las que te forran a
hostias. Lo de que la medida del Estado francés sea una auténtica acción violenta y
declaración de guerra contra la clase trabajadora…eso ya. Ellos lo cambiarían en las
urnas ¡y una mierda!

A donde llegue el movimiento será cosa tanto del propio movimiento, como de la
correlación de fuerzas en esa lucha, como de la traición de la izquierda francesa. No soy
optimista al respecto, soy consciente de que es un movimiento inmaduro, centrado en
lo inmediato, pero estoy convencido de que de las experiencias de las luchas, de sus
avances y sus derrotas la clase aprende mucho más que de esperar sentada a que la
inexistente vanguardia se cree un día con tanto cretino que la compone y venga con las
tablas de la ley a salvarla.

De todas las aportaciones de las luchas de la clase trabajadora, que hoy no pueden ser
más que autónomas y parciales, porque esa vanguardia se niega a nacer y prefiere
oscilar entre las tentaciones parlamentarias y la nostalgia de Don Pepe, una de las más
positivas sería la liquidación política de la izquierda por extenuación y zafiedad. Solo
con una nueva generación de militantes, que no activistas, puede surgir el necesario
instrumento del que hoy carece.

MAF