La justicia patriarcal quiere a las Juanas Rivas en la cárcel

J. R., de Ibiza
J. R., de Ibiza

Ana A. cumple hoy, 29 de diciembre, 35 años y los va a celebrar en la cárcel. Ana A. lleva más de ocho meses en prisión provisional en Ibiza acusada de sustracción ilegal de menores y desacato a la autoridad. Traducimos: sustracción de menores = proteger a su hijo de un padre que abusaba sexualmente de él, desacato a la autoridad = no aceptar lo que la justicia patriarcal dictamina. Justicia patriarcal, ese oxímoron.

Juana Rivas, la madre a la que muchas en algún momento hemos querido abrazar y decirle flojito al oído ¡Bien hecho, compañera! ¡Aplaudimos tu valentía! fue acusada de exactamente lo mismo. Sin embargo, Juana Rivas no ingresó en prisión después de veintisiete días escondiéndose con sus hijos de la machuna justicia. ¿Por qué Juana Rivas no y por qué Ana A. sí? Sencillo, Juana Rivas fue mediática y de Ana A. no habla nadie. La invisibilización de los casos es la primera condena: la soledad. La falta de tejido social y redes de apoyo es lo que posibilita, facilita y hace que proliferen los abusos de poder y las injusticias. Las cárceles están llenas de gente sin recursos económicos ni medios, de casos anónimos y de historias que no le importan a nadie. Es la misma invisibilización que empieza con el maltrato dentro de las paredes de tu casa pero trasladada a las instituciones y a los procesos judiciales. Es la confianza que tiene el Poder en sí mismo, -en que no puedes ni vas a rebelarte, no puedes ni vas a protestar- la que garantiza la impunidad y blinda los privilegios de aquellxs que se saben en posición de indiscutible autoridad.

Las mujeres, todavía hoy y todavía en nuestras supuestas modernas sociedades occidentales, siguen siendo ciudadanas de segunda categoría a las que se les presupone una condición –pareciera que indisoluble a su género y sexo- de debilidad y sumisión. Cuando una mujer demuestra que no es débil y está dispuesta a pelear, no sólo por sus propios moratones (literales y metafóricos), sino también por los de sus hijxs, la justicia patriarcal no puede consentirlo.

Nos pondría los pelos de punta saber cuántos casos existen de mujeres que habiendo denunciado malos tratos y abusos sexuales a ellas y a sus hijxs, han resultado ser ellas las denunciadas, juzgadas y condenadas, han perdido la custodia de sus hijxs o se han visto obligadas a tratarse una patología que no tienen. El sistema heteropatriarcal tiene larga tradición y experiencia en eso de desacreditar las voces y cuestionar las acciones de las mujeres. Desde los procesos judiciales se está enviando un mensaje claro a todas esas mujeres no-sumisas y no-débiles: el castigo ejemplarizante de las condenas las advierte de las nefastas consecuencias que puede tener para ellas y para sus hijxs el denunciar a sus maridos o parejas o incluso el retar o cuestionar el sistema en el que se articula esta presunta justicia.

Juana Rivas fue mediática y de Ana A. no habla nadie. La invisibilización de los casos es la primera condena: la soledad.

Claro que siempre habrá imbéciles (ellos y ellas) que te saquen a colación lo de las denuncias falsas en este tipo de conversaciones sobre malos tratos y abusos a mujeres y a sus hijxs; claro que siempre habrá imbéciles (ellos y ellas) envenenadxs de machismo y misoginia, productos bien acabados de una flamante educación heteropatriarcal, que te digan que está mal asesorada y pobrecita; claro que siempre habrá imbéciles (ellos y ellas) que te reciten del Manual del Buen Ciudadano que la ley está para cumplirla, que así no, que las cosas hay que hacerlas ‘bien’. La ley que atenta contra tu propia vida y tu dignidad, la ley que atenta contra la seguridad y el bienestar de tus hijxs, la ley que te desoye, te ignora, te ningunea, te invisibiliza, te patologiza, te señala y te culpabiliza, ¿esa ley está para cumplirla? Sabemos y nos consta la existencia de los y las imbéciles en redes sociales, barras de bar, comidas de empresa, grupos de whatsapp y salones de casas donde se sirve café con pasteles después de comer, pero no podemos tolerar la existencia de imbéciles en los juzgados, comisarías, organismos e instituciones donde están en juego la vida de muchas mujeres y las de sus hijxs.

¿Cómo es posible que unx juez entregue la custodia a un padre que abusa sexualmente de su hijx? ¿Cómo es posible que existan casos donde la madre que denuncia malos tratos acaba siendo la juzgada en un juicio que se vuelve contra ella? ¿Cómo es posible que los partes médicos, los informes forenses, y lo que es más grave, los testimonios de lxs propixs hijxs no se tengan en cuenta o se manipulen en un juicio? ¿Qué hacen todxs esxs niñxs viviendo con sus padres maltratadores y abusadores? ¿Qué justicia es esta? ¿Qué hacemos con lxs jueces que se equivocan y de su error resulta una mujer asesinada? ¿Quién juzga a lxs jueces?

Pero hablemos de hacer las cosas bien. La noche que el hijo menor de Ana A. le contó a su madre que jugaba en el baño con su padre a tocarle el pene mientras él se reía, Ana A. agarró el Manual De Hacer Las Cosas Bien y lo siguió punto por punto: su objetivo era conseguir la custodia total y alejar para siempre a su hijo del padre que abusaba sexualmente de él. Llevó a su hijo de tres años a urgencias, obtuvo el parte y la grabación con la declaración del niño, se fue a Barcelona para realizar un peritaje donde quedó patente el rechazo del menor al padre y donde lxs especialistas recomendaban las visitas supervisadas, se puso en contacto con las asociaciones pertinentes que emitieron los correspondientes informes, denunció a su ex pareja, Juan, de abusar sexualmente de su hijo. Tras seguir todos los pasos del Manual De Hacer Las Cosas Bien el resultado fue este: la jueza hizo caso omiso de los informes, anuló las declaraciones del perito y del médico de urgencias alegando “que no hacían falta” y con la sola declaración del padre (que negó todo y resultó absuelto de la denuncia interpuesta por Ana A.) se resolvió el caso y se archivó.

Como ya hiciera Juana Rivas, y ante el horror y la injusticia de tener que entregar el niño al padre que presuntamente se ríe en el baño mientras alienta a su hijo a tocarle el pene, Ana A. huye con su hijo y permanece oculta 5 meses hasta que la Guardia Civil da con su paradero el pasado 27 de marzo, día en el que Ana A. ingresa en prisión y última ocasión en la que vuelve a ver y hablar con su hijo, pues la jueza lo prohíbe. El niño de cuatro años vive hoy con su padre que, además de seguir gozando y presuntamente riendo en el baño mientras alienta a su hijo a tocarle el pene, goza también de la custodia total.

La abogada de Ana A., Sara Benjelali, denunció a la jueza y a la fiscal por prevaricación pero la letrada a su vez ha sido imputada por supuesta colaboración con la fugada. Como también sucedió con el caso de Juana Rivas, no sólo la madre está siendo juzgada sino también su entorno legal.

Según nos cuentan nuestros contactos, hace unos días desde los juzgados fueron a visitarla a la cárcel para decirle que si estuviera dispuesta a declararse culpable ¿culpable de qué?, nos preguntamos) la pena impuesta sería de dos años y, al no tener antecedentes, saldría en libertad. Si, por el contrario, decidiera seguir adelante, no saldría de la cárcel pues en lugar de dos años serían cuatro. El juicio se celebrará el 3 de enero. ‘Celebrar’ es a veces un verbo muy absurdo.

A los movimientos sociales, a las organizaciones y a las activistas feministas que luchan por los derechos de las mujeres y contra las sinrazones del Sistema no nos queda otra que denunciar, visibilizar y difundir todas y cada una de estas injusticias. Como ya sucedió con Juana Rivas y con los violadores de La Manada, el hashtag #yotecreo no es una frase baladí. Es un posicionamiento político y es un símbolo de resistencia y lucha feminista en el que estamos plantando cara a todo un sistema de valores que tiene normalizado el odio, el ensañamiento, el castigo, las violencias y las agresiones hacia las mujeres. El patriarcado y el machismo de jueces y juezas en las instituciones y procesos judiciales también tienen un manual, y nos lo sabemos de memoria.