Comienzan las exhumaciones de tres fosas comunes en el cementerio municipal de Luesia

Comienzan las exhumaciones de tres fosas comunes en el cementerio municipal de Luesia

Este proyecto memorialista se lleva a cabo de manera conjunta por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Batallón Cinco Villas, la Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido (ARICO) y la Asociación Charata para la Recuperación de la Memoria Histórica de Uncastillo

| 3 noviembre, 2017 11.11
Comienzan las exhumaciones de tres fosas comunes en el cementerio municipal de Luesia
Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Este viernes 3 de noviembre se inicia una segunda campaña arqueológica de localización y exhumación de trece vecinos de Uncastillo (Zaragoza) y dos de Petilla de Aragón (Nafarroa), asesinados en agosto de 1936 en las cercanías de la localidad de Luesia (Zaragoza) y enterrados en el interior de su cementerio municipal.

Este proyecto memorialista se lleva a cabo de manera conjunta por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Batallón Cinco Villas, la Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido (ARICO) y la Asociación Charata para la Recuperación de la Memoria Histórica de Uncastillo, y su viabilidad económica está asegurada por una ayuda de la Diputación de Zaragoza para el desarrollo de la Memoria Histórica.

Tras el golpe de Estado de julio de 1936, los días 2, 7 y 16 de agosto de 1936 fueron asesinados en las proximidades de Luesia trece vecinos de Uncastillo y dos de Petilla de Aragón. Como ya se ha señalado, en todas las partidas de defunción conservadas en el Registro Civil de Luesia figura como lugar de sepultura el cementerio municipal: “su cadáver habrá de recibir sepultura en el Cementerio de esta Villa”. Atendiendo a las investigaciones históricas realizadas y al proceder habitual en aquellas fechas, sus restos óseos descansan en tres fosas comunes que a día de hoy se desconoce su ubicación exacta dentro del cementerio municipal de Luesia.

La Ley 52/2007, de 26 de diciembre, conocida como Ley de la Memoria Histórica por la que se reconoce y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil española y la Dictadura proclama en su preámbulo: “Es la hora de que la democracia española y las generaciones vivas que hoy disfrutan de ella honren y recuperen para siempre a todos los que directamente padecieron las injusticias y agravios producidos por unos y otros motivos políticos o ideológicos o de creencias religiosas, en aquellos dolorosos períodos de nuestra historia. Desde luego a quienes perdieron la vida. Con ellos, a sus familiares”.

“Pese a que esta ley sigue en vigor, la falta de ayudas públicas a la Recuperación de la Memoria Histórica por parte de las instituciones públicas del Estado nos había impedido actuar sobre esta fosa hasta el año pasado”, reconocen desde Charata. “La obtención por parte de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Batallón Cinco Villas de una subvención dentro de la convocatoria de ‘Ayudas para el desarrollo de la Memoria Histórica en la provincia de Zaragoza para el año 2016’ de la Diputación de Zaragoza, les permitió iniciar los trabajos en noviembre del año 2016, explican.

“Desgraciadamente –continúan-, los primeros sondeos resultaron negativos, pero el sondeo número 7 aportó algunos indicios que quizá podrían relacionarse con alguna de las tres fosas comunes buscadas o al menos con enterramientos que evidencian algún tipo de muerte violenta, tanto por la presencia de dos esqueletos conservados ‘in situ’ con claras evidencias óseas de autopsia craneal, como por el hallazgo de restos óseos sin conexión anatómica, pertenecientes al menos a cuatro individuos adultos, que también evidencian la realización de la autopsia craneal”.

Por lo tanto, se pudo recabar nueva información histórica y arqueológica para seguir trabajando en la localización de las tres fosas comunes. “En este sentido es prioritario excavar una mayor extensión del terreno situado alrededor del sondeo número 7, que pueda resolver las dudas hasta el momento planteadas”, subrayan desde la asociación.

Uncastillo, 1936

En la madrugada del día 19 de julio de 1936, el capitán general de la 5ª Región Militar, Miguel Cabanellas, decretó el Estado de Guerra, sumándose de esta manera al golpe de Estado contra el gobierno de la Segunda República. Esa misma mañana fue enviada desde Zaragoza una columna militar al mando del capitán Miguel Sánchez Blázquez, formada por una sección de guardias de la 7ª Compañía de Asalto y por la 4ª Compañía del Primer Batallón del Regimiento de Infantería Aragón nº 17, con la finalidad de someter la comarca de las Cinco Villas.

La villa de Uncastillo, situada en el extremo norte de la zona de Zaragoza, en las históricas Altas Cinco Villas, contaba en la década de 1930 con una población censada cercana a los 4.000 habitantes. El 19 de julio se declaró la huelga general, pero el pueblo se mantuvo tranquilo a la espera de acontecimientos.

La Guardia Civil, apoyada por los voluntarios derechistas locales, se hizo con el control de la villa y destituyó al Ayuntamiento legalmente constituido, pero conscientes de su debilidad, se limitaron a patrullar hasta la llegada de otro convoy compuesto por varios camiones que transportaban soldados, guardias civiles y voluntarios falangistas. Esta segunda columna partió desde Exeya y tomó definitivamente el control de las localidades de Uncastillo y Luesia la tarde del día 21 de julio.

Desde ese momento, grupos de civiles escaparon de sus pueblos refugiándose durante algún tiempo en los montes cercanos. Pronto surgieron grupos de falangistas locales que llevarían a cabo numerosas sacas y detenciones ilegales de civiles indefensos en la retaguardia de la llamada “España Nacional”. Los primeros fusilamientos extrajudiciales en la tapia del cementerio de Uncastillo se produjeron el 25 de julio, comenzando una larga y trágica sangría que se saldó con el asesinato de 144 vecinos y vecinas de Uncastillo.

La primera gran saca de uncastilleros se produjo el día 2 de agosto de 1936. Ese día fueron detenidos los vecinos de Uncastillo Juan Arregui Biota y su esposa Josefa Guinda Micaley, Francisca Pueyo Prat y los hermanos Manuel, Maximino y Primitivo Palacios Martín. Todos estas personas fueron conducidas en un camión hasta las cercanías de la localidad de Luesia, donde fueron asesinadas y, posteriormente, sus cadáveres fueron enterrados en el interior del cementerio municipal. La defunción de las seis víctimas fue inscrita en el Registro Civil de Luesia con sus nombres completos, bajo el eufemismo de“heridas por disparos de fuerza armada” como la causa de la muerte.

Apenas cinco días después, el 7 de agosto de 1936, otros siete vecinos de Uncastillo fueron detenidos y asesinados de nuevo en las proximidades de Luesia. En este caso su defunción figura de manera anónima en el Registro Civil de Luesia como varón desconocido” y de nuevo muertos a causa de“heridas por disparos de fuerza armada”, siendo enterrados en el interior del cementerio municipal.

La investigación histórica llevada a cabo desde el año 2007 por la Asociación Charata para la Recuperación de la Memoria Histórica de Uncastillo, con la recogida de testimonios orales de varios familiares, ha permitido identificar a las siete víctimas de la saca del 7 de agosto de 1936 como Serafín Añaños Aznárez, Antonio Arregui García, Félix Labé Cervero, José Andrés Olano Victoriano, Lorenzo Pueyo Aznárez, Jesús Agustín Pueyo Prat y Silverio Yarz Pérez. En años posteriores fue inscrita la defunción de parte de ellos en el Registro Civil de Uncastillo como inscripciones fuera de plazo legal tramitadas ante el Juzgado de Instrucción de Sos del Rey Católico.

Finalmente, el 16 de agosto de 1936 fueron asesinados en Luesia dos vecinos de Petilla de Aragón, Marcelino Lacosta Bisauta y su hijo Esteban Lacosta Aguas, que nuevamente fueron inscritos en el Registro Civil de Luesia con sus nombres completos, indicando como causa de las muertes el eufemismo de “heridas por disparos de fuerza armada” y siendo enterrados en el interior del cementerio municipal. Habían sido detenidos pocos días antes mientras faenaban sus tierras del enclave navarro de Los Bastanes, muy cerca de Uncastillo, donde parte de la familia ya se había establecido con anterioridad a 1936.

Como se ha señalado, en todos los registros de defunción conservados en el Registro Civil de Luesia figura como lugar de sepultura el cementerio municipal: “su cadáver habrá de recibir sepultura en el Cementerio de esta Villa”. Lo que ha sido reafirmado con diferentes testimonios orales de familiares recogidos por la Asociación Charata para la Recuperación de la Memoria Histórica de Uncastillo.