MANUEL MEDINA. Frente a las nuevas imposiciones del FMI… ¿hacer la revolución?

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MANUEL MEDINA. Frente a las nuevas imposiciones del FMI… ¿hacer la revolución?

 

Publicado en Insurgente

 

El Fondo Monetario Internacional ha pedido al gobierno de Rajoy que “revise la eficiencia del gasto público en sanidad y educación”, reajuste los impuestos, “profundice” en la reforma laboral y grave los carburantes … Las exigencias de esta institucion financiera, cerebro de la gran Banca internacional, obedece a la lógica racional del sistema capitalista de rentabilizar los capitales prestados y sus astronómicos intereses. Pero ¿responde en la misma medida la lógica de los intereses de los asalariados frente a las leoninas exigencias del FMI?

Hay quienes están convencidos de que los gestores de las instituciones y organismos financieros capitalistas son “intrínsecamente perversos” y que, por un extraño placer, desean hacerle el mal a la gente, provocando su miseria y calamidades. Este comprensible punto de vista está construido a partir de los efectos resultantes de las decisiones tomadas a lo largo de los últimos decenios por estas entidades internacionales. Son, pues, reacciones explicables.

Desde luego, está fuera de toda duda que las medidas que toman – o“recomiendan” tomar – instituciones tales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial arrastran a millones de personas a situaciones estremecedoramente  calamitosas. Pero ello no se debe a que quienes rigen esas entidades posean una enfermiza voluntad de hacer sufrir a la gente, porque su naturaleza   “intrínsecamente perversa” los impele causar daño a la mayor parte de la humanidad. Pero una cosa es el sentimiento y otra muy diferente son los efectos resultantes de sus concepciónes  sobre la sociedad y sobre el mundo.

Los altos jerarcas de esas instituciones, vinculados económicamente muchos de ellos con los poderosos intereses empresariales que defienden, obedecen a una implacable lógica del capitalismo actual, donde lo que importa son lasrentabilidades de los capitales invertidoso especulados. Esos son los únicos números que tienen peso y valor a la hora de aplicar una u otra politica económica. El resto son solosensibilidades sin mayor relevancia, que carecen de espacio dentro de los estrechos márgenes del cuadro de cálculos del Sistema.

Viene esto a propósito de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha pedido al gobierno de Rajoyque “revise la eficiencia del gasto público en sanidad y educación”, para que el Estado español pueda de esa manerareducir el déficit público y la deuda externa. Llama, igualmente, al Ejecutivo español a que suba el IVA, los impuestos especiales y los gravámenes sobre los carburantes.¿Alguien duda de que el presidente Rajoy y sus ministros económicos cumplirán obedientemente las directivas de la FMI?

Pero la aceptación de la “invitación” del FMI no solo la aceptará Rajoy por el caracter ideológicamente ultraconservador de su gobierno. De acuerdo con  lo que ha quedado nitidamente reflejado en los programas electorales del PSOE y de Podemos, también estos la hubieran aceptado  de haber formado parte del Gobierno.

El FMI ha instado, asimismo,  a Rajoy a seguir “profundizando” en lareforma laboral. Con objeto de que los empresarios puedan ampararse en una mayor “seguridad jurídica” en materia de despido y pueda lograrse en el marco de la empresa una mayor “flexibilización” de las condiciones de trabajo, esta institución financiera internacional demanda del gabinete ultraconservador una nueva regulación de las relaciones laborales.

El glosario del FMI hace, por otra parte, una muy significativa observación anexa: que la mayoría de las empresas españolas son pequeñas y “tienden a ser menos productivas, innovadoras y más orientadas a la exportación que sus socios europeos”.

¿QUÉ ES LO HAY REALMENTE DETRÁS DEL INFORME ULTIMÁTUM DEL FMI?

A lo claro, ¿qué es lo que se esconde tras toda esta jerga?

En primer lugar, que los gastos en Sanidad y Educación se reduzcan aún más de lo que lo han hecho hasta ahora.

En segundo lugar, que aumenten los impuestos sobre los productos que compramos cotidianamente.

En tercer lugar, se pide que se incentiven los “contratos indefinidos” pero, eso sí,  acompañados de una normativa que permita una mayor facilidad en los despidos y que quiebre las“rigideces” que obligan a los empresarios a respetar ciertos derechos conquistados por los trabajadores y que todavía los patrones no han logrado que sean eliminados.

Y, finalmente, en cuarto lugar, advierte que en una sociedad capitalista desarrollada la existencia de la pequeña empresa carece de sentido, y que la eficiencia productiva es propia exclusivamente de los grandes consorcios. Con esta última agregación, el FMIadvierte a las auténticas clases medias  -no a aquellos segmentos asalariados que vanamente se ilusionaron con formar parte de ellas-  que para la pequeña empresa no hay futuro en la arrolladora vorágine del vertiginoso desarrollo capitalista.

En definitiva, el Fondo Monetario Internacional, cuya labor y objetivos están fuertemente imbricados con la gran Banca internacional, particularmente la alemana, que a través de sus préstamos a los gobiernos del PSOE y del PPhan estado financiando durante las últimas décadas la especulación ejercida por nuestros propios Bancos, quiere ahora cobrar no sólo los capitales prestados sino, sobre todo, los sustanciosos e impagables intereses que cada día éstos están generando.

¿QUÉ HACER ANTE UNA DEUDA ETERNA E IMPAGABLE?

Para hablar en plata, se trata de un débito cuyo gigantesco volumen lo convierte en una deuda que este país jamás podrá pagar. Es, además, una deuda que fue contraída por nuestros propios Bancos, a través de una suerte deCasino de ruleta cuya finalidad consistía en lograr un rápido crecimiento de sus capitales. Sus propósitos no estaban orientados hacia una finalidad socialmente distributiva o para mitigar los efectos de nuestro secular atraso industrial y tecnológico. La mayoría de los habitantes del Estado español nada tienen que ver con los tejemanejes de la especulación financiera. Es una deuda que han contraído ellos, y ellos son los que tendrían que pagarla. Pero, como ordena la rigurosa lógica del sistema, el capital intenta siempre socializar sus pérdidas, de igual manera que con la misma fuerza trata de privatizar los beneficios.

Para que se produzca un cambio radical – es decir, de raíz – en nuestra sociedad, o en cualquier otra, es una condición imprescindible romper con esa lógica. Por muy chocante que pueda resultar decir esto  en nuestros días, eso no podrá significar otra cosa más que hacer la revolución. Porque, mientras eso no suceda, los presupuestos para la Sanidad y la Educación seguirán reduciéndose inexorablemente, los impuestos continuarán creciendo, nuevas reformas laborales, con diferentes ropajes, serán implementadas, la explotacion de los asalariados, que constituyen la inmensa mayoria de la sociedad, continuará creciendo incontenible.

Se desee o no, no quedan caminos intermedios, ni terceras vías, ni tampoco mágicas recetasneokeynesianas que puedan detener esta evolución inherente al propio desarrollo capitalista. No se trata una hipótesis pendiente de ser corroborada por los hechos. La experiencia acumulada durante las décadas pasadas lo demuestra. Ni siquiera aquellos que alegan desear reformar el sistema capitalista poseen hoy convicciones argumentales que avalen la posibilidad de poder hacerlo.

Pero, por si esto fuera poco, el saldo resultante de los procesos políticos que tan solo anteayer se han ensayado en América Latina, han revalidado esa perspectiva. Ha sucedido justamente todo lo contrario. Nos encontramos, pues, abocados de forma irremediable,  a una situación en la que solo nos quedará delante una única salida.

“Hacer la revolución”, that’s the cuestion, que diría un hipotético y redivivo Hamlet en el siglo XXI. O, al menos, ir creando las condiciones que nos permitan poder hacerla…